NDDV: El régimen teme que el exilio regrese reclamando su lugar en la nación

Néstor Díaz de Villegas presenta “Estados Unidos en la prosa de un inmigrante”, libro donde muestra a José Martí como un cubanoamericano y neoyorquino, nuestro primer "influencer"
 

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El pistolero Jesse James y el poeta Walt Whitman. La Constitución y el sistema electoral norteamericanos. Locos, ladrones y asesinos. Libertad económica y desarrollo industrial. Drogas de moda. Indios cheyenes y apaches. Coney Island. Adelantos de la ciencia. George Washington. Atentados anarquistas. La visita del elegante Oscar Wilde. Magnicidio. El explorador Búfalo Bill. Los increíbles micrófonos. Una epidemia. Racismo. Todo esto, que parece un listado de contenidos de Netflix, es un pequeño resumen de lo que podemos leer en Estados Unidos en la prosa de un inmigrante (Vintage Español), textos de José Martí seleccionados y prologados por el poeta, ensayista y crítico de cine Néstor Díaz de Villegas (NDDV).

El libro será presentado por Díaz de Villegas y el historiador Abel Sierra Madero en Miami, este viernes 10 de septiembre en la Iglesia Congregacional de Coral Gables. También el próximo martes 14 de septiembre en el Museo de la Diáspora Cubanaen un panel donde, además del compilador, estarán el Dr. en Filosofía Orlando Gutiérrez-Boronat, el escritor Ramón Fernández-Larrea, y el arquitecto Rafael Fornés.

NDDV es un poeta irreverente enviado muy joven al presidio político, como Martí, y exiliado la mayor parte de su vida en Estados Unidos, donde vivió en Miami y ahora en Los Ángeles. Con el tiempo ha adquirido una “prosa extravagante” que atribuye a sus 40 años de contacto con el idioma inglés.

Cuando el editor Cristóbal Pera le propuso dedicar uno de los volúmenes de la colección “Clásicos” de Vintage Español, al independentista cubano, NDDV rehusó compilar los panfletos políticos de siempre. En cambio, trató de armar un libro que mostrara a “nuestro primer bloguero e influencer”, a un Martí “neoyorquino”, crítico pero amante de la sociedad norteamericana donde vivió la mayoría de su adultez.

“Escogí los textos que creí importantes para un joven de hoy en los Estados Unidos, porque esta es una colección destinada a escuelas y bibliotecas de aquí, aunque puede comprarse en internet”, dice NDDV en conversación con ADN Cuba.

Explica que “Martí es un hombre que llegó a Estados Unidos con menos de 30 años y salió definitivamente con 42. Su madurez como escritor y artista, su realización, ocurrieron aquí. Es uno de nosotros y esto es lo que escribe un inmigrante que cambió para siempre la manera en que concebimos la prosa en idioma español”.

– Desde las primeras líneas de tu artículo introductorio defines a Martí como un “cubanoamericano”. ¿Por qué?

Martí no es cubano, es cubanoamericano. Vivió en Estados Unidos desde 1880 hasta que murió, la porción más importante de su vida, aparte de Cuba donde estuvo hasta los dieciséis años. Era un hombre que hablaba y escribía influido profundamente por el idioma inglés. En Nueva York vivió quince años, así que es un neoyorquino también.

Observó a Estados Unidos en diferentes aspectos, desde sus batallas políticas, sus elecciones, su sistema económico, y lo comparó con su país y cultura de origen, la hispanoamericana. Tuvo un punto de vista de gran ventaja porque estaba en el momento de formación de Estados Unidos como gran potencia mundial, pocos años después de la guerra mexicano-americana y la Guerra Civil.

Queríamos para el libro ese punto de vista de un inmigrante cubano en Nueva York, algo que él compartiera con nosotros. Sobre todo, que los cubanoamericanos y los latinoamericanos pudieran identificarse con este hombre que había zapateado aquellas calles.

– ¿Qué rasgos de la personalidad, escritura, ideas políticas, sociales y filosóficas de Martí pueden atribuirse a esa experiencia de inmigrante?

Este libro quiere mostrar todo el aprendizaje de Martí en contacto con la cultura norteamericana. Él ve una gran maquinaria política y democrática que mete miedo. En algunos momentos esto es una maquinaria dislocada, por eso dice “viví en el monstruo” de esta máquina, que es como una ballena enorme, y la vio por dentro. Pero su relación con este monstruo fue una relación de amor.

Ahí están sus grandes odas que exaltan la Constitución, como el ensayo que inicia el libro. Quiere poner a los redactores de la Constitución americana en un mausoleo con paredes de pórfido y columnas de mármol. Eran sagrados para él.

La revolución de 1776 en EEUU condujo a la creación de una carta magna de valores permanentes de una nación. Esa es la idea de revolución que tiene Martí: una que, como la norteamericana, sirva para expulsar al colonialista e inmediatamente refundar la nación, proclamar una asamblea constituyente y dar leyes a ese país. Los principios, los valores, los objetivos, los fines de una revolución, para él son los de la revolución americana de 1776. De ninguna manera fue un revolucionario al estilo castrista de asaltar un cuartel, matar un montón de gente mientras dormían en una barraca y fundar la revolución con un acto sangriento y cobarde.

Cuando Martí llega a Cuba en 1895, después de haber animado a Máximo Gómez y Antonio Maceo a reanudar la guerra, él tiene la primera reunión con ellos en La Mejorana y queda con muy mala impresión de Maceo.

Martí quería constituir una república civil ya dentro de la manigua y Maceo quería una dictadura militar desde el principio. Ahí fue el primer encontronazo del Delegado con la realidad. Aquellos generales de la guerra cubana no eran Washington ni Lafayette. Eran hombres llenos de deseos de poder, como después se vio claro tras la muerte de Martí.

Incluí en el libro un texto muy bueno sobre un día de elecciones en Estados Unidos. Martí llamaba a los votantes “muchedumbre de reyes” y esto es lo que quería para Cuba: una multitud de hombres libres y soberanos que fueran a las urnas como él había visto y describe tan bien.

En cuanto a la personalidad era un neoyorquino, como ya dije. Ahí nace su hija secreta, la niña de Carmita Millares que es María Mantilla. En esa ciudad Martí se hace adulto, su lenguaje se transforma completamente en contacto con el inglés, sus ideas políticas se transforman completamente en contacto con las realidades políticas americanas.

Filosóficamente está la influencia de Emerson que ha sido más que estudiada por todos los martianos, pero yo digo en este libro que una influencia todavía mayor fue la filosofía barata del momento, de la prensa de dos centavos. Martí expresó que “el patriota, si quiere bien a su patria, no empezará a leer el periódico por el editorial, que dice lo que se opina, sino por los anuncios, que dicen lo que se hace”. Esa es la realidad vital, vibrante, a nivel de calle que él adquirió en Estados Unidos, viviendo en el monstruo de Nueva York.

Aprende sobre todo la influencia de la prensa y llegó a ser uno de los escritores más leídos en Sudamérica a través de columnas en los diarios de Buenos Aires y de Caracas. Rubén Darío es el primero que hace un ensayo acerca del Martí rarísimo para un lector latinoamericano, que se enfrentaba a esta prosa totalmente influida por la velocidad neoyorquina.

–Todavía sigue en disputa el legado simbólico de Martí… ¿Por qué esa vigencia?

A un gran hombre siempre se lo disputa todo el mundo. La apropiación casi definitiva ha sido la del castrismo, pero este llega a esa plaza martiana que había terminado de construir Fulgencio Batista con sus grandes edificios y el monumento de la raspadura… Todo aquello es del boom constructivo que la revolución toma y se lo apropia, y eso que el mundo conoce como la Plaza de la Revolución era la Plaza Cívica. Fue una apropiación doble, primero Batista se apropia de Martí e inmediatamente después se lo apropia Fidel Castro y lo hace autor intelectual de un crimen horrible qué es lo que ocurrió en el Moncada, y todo por poner su nombre en los titulares y dar inicio a un movimiento político con un gran baño de sangre.

Estos no eran los métodos de Martí, no eran para nada su idea de la revolución. Yo diría que Batista, con su obra constructiva en Cuba, el sanatorio de Topes de Collantes, las carreteras que construyó y las bibliotecas, a pesar de haber sido un dictador por unos años, fue más fiel a la prédica martiana. Fue menos cruel que lo que vino después.

A Martí se lo ha apropiado todo el mundo: los gobiernos republicanos y se lo apropia del exilio, se lo ha apropiado Nueva York –que tenía su estatua exclusiva hasta que llevaron una copia a Cuba–, y se lo apropian ahora los latinoamericanos también de distintas maneras. Es un hombre demasiado grande e importante, creador de un movimiento político y del movimiento literario del modernismo.

Por donde quiera que se mire es un influencer y así lo represento, esa es la conexión de mi libro con el mundo contemporáneo. Martí crea un lenguaje muy rápido y fue el primero en tener un gran influjo en la prosa literaria de Sudamérica y en los diarios de Buenos Aires, Caracas, Uruguay, Guatemala, Honduras, México.

La última parte del libro está hecha de lo que escribió para una columna en La Opinión Nacional, de Caracas. Son prosas rápidas que podían tener tres párrafos, como se hace hoy. Allí hablaba de las incidencias cotidianas, desde una carrera de ratas hasta el asesinato de un presidente. Hoy podrían considerarse “contenido” de redes sociales, un post.

– La idea de “Cuba” como nación se hizo en la diáspora. Desde el oficialismo se habla de que el país y su deriva corresponde a “los cubanos” y por esto entienden a quienes están en la isla y apoyan el régimen incondicionalmente. ¿Qué posición debe ocupar la diáspora de hoy, el exilio, en el país futuro?

Los pensadores que fundaron la nación, desde el padre Félix Varela hasta José Martí, pasando por José Antonio Saco, Domingo del Monte etc., habían concebido la idea nacional fuera de Cuba, existía en esos enclaves fuera de la isla. Nueva York es una de las locaciones de lo cubano, Tampa igual. Miami ni hablar.

Esa isla nunca ha estado contenida dentro de los límites geográficos, sino que ha ido mucho más allá. Cintio Vitier nació en Key West. Vilma Espín se educó en el MIT de Massachusetts. Fidel Castro pasó la luna de miel en Miami, igual que todos los burgueses cubanos. Pensacola es una de las locaciones de la novela Paradiso, de Lezama… Estamos demasiado cerca al norte como para que realmente se nos considere una isla del Caribe. Somos más que eso debido a la esfera de influencia.

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Hoy mismo la diáspora es la parte de Cuba más funcional y más importante. También lo fue en los siglos XIX y XX. Cuando llegué a Miami en 1979 allí estaba Ernesto Lecuona, Lydia Cabrera, Carlos Montenegro, Eugenio Florit, Reinaldo Arenas, José Ardévol...

Hoy, económicamente la diáspora es el motor que impulsa la economía la nación. El exilio siempre ha sido una gran fuerza en la historia de Cuba y lo continuará siendo. El régimen teme el regreso de todos nosotros, no reclamando propiedades, sino nuestro lugar en la nación.

– ¿Por qué dice que Martí fue el “autor intelectual” de la Guerra Hispano- Estadounidense de 1898?

Toda la actividad organizativa e intelectual de Martí en Nueva York está dirigida a este remix de la revolución del 68 que vio cuando era un muchachito. Quería que esta vez fuera rápida, efectiva, y resolviera el problema de expulsar a los colonialistas españoles.

Al final, pasó que el águila cayó con fuerza tremenda encima de aquella nación que Martí había tratado de preservar y salvar de esa eventualidad. Es una ironía, pero él es el origen de todo eso. El hecho histórico se puede retrotraer a la pluma de Martí. Ahí está la primera gota, la primera enunciación de lo que pasó después. ¿Cómo iba a pasar? Nadie podía saberlo y menos en el año 95 cuando él murió. Pero Martí desató esa guerra, desde los EEUU, con un pensamiento norteamericano, animado por las mejores ideas de esa democracia, que es lo que demuestra este libro. Él era un demócrata al estilo norteamericano y terminó su formación política aquí.

Cuando Martí habla de España, para él era lo viejo, lo medieval, lo atrasado, lo antiguo. EEUU era lo deseado, lo próximo, lo nuevo. Lo que queríamos nosotros no era solo deshacernos del colonialismo de España, sino del “espíritu español”.

Martí era el puente de Brooklyn, era Walt Whitman, era Nueva York. La suya era una revolución americana, concebida en EEUU por un hombre cubanoamericano. Fue el autor intelectual de una idea de la revolución cubana que finalmente, por imperativo geográfico, hizo que sucediera lo que hace mucho tiempo estaba por suceder, que era la intervención.

– A pesar de su interés y admiración por algunas instituciones y la sociedad norteamericana, en la carta a Manuel Mercado, escribe Martí: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber (…) de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan (…) sobre nuestras tierras de América”. ¿Cómo interpreta esto?

Obviamente está hablando del EEUU imperialista del momento. Por supuesto, era de temerse que Cuba se convirtiera en otra de las tierras anexadas, como él vio que había sucedido continuamente. Pero quien lea mi libro, verá que por este país Martí solamente tiene admiración y lo comprende mucho mejor que muchos escritores políticos de los años 80 y 90. Él entiende el sistema democrático norteamericano y es lo que desea para Cuba, y temió que llegásemos a ser nada más que un apéndice de este país, como era muy posible.

Martí tiene un gran ensayo titulado “Cómo se crea un pueblo nuevo en los Estados Unidos”, sobre ese momento en que llegan a Ohio, Kansas, Arkansas y allí tú ponías una estaca y reclamabas veinte acres de tierra y llegaba alguien por la noche y te daba cuatro tiros y remplazaba su diligencia por la tuya. Martí sabía perfectamente que eso podía pasar en Cuba.

De todas maneras, él no vio los vientos de cambio en la política norteamericana. La guerra que desató con Maceo y Gómez tomó un giro que nunca se esperó. Martí pensaba que iba a ser muy rápida y no lo fue.

En 1898, habían mandado unos generales españoles terribles para Cuba. Los mambises empezaban a quemar la isla de una punta a la otra, se destruyó la nación completamente, toda la ganadería, la agricultura, y esto Martí nunca lo imaginó. Murió muy al principio de la guerra y tampoco anticipó que, en el momento en que los americanos por fin intervinieron, tras Roosevelt, vino un Leonard Wood que era un médico y curó a la nación del problema de la fiebre amarilla, secó las pocetas del malecón, luego construyeron parte del muro del malecón, comenzaron a dar dinero para la educación superior, etc.

Pocos años después, los interventores dejaron una nación donde se había prohibido la corrida de toros por ser inhumana y salvaje y se instalaron los juegos de pelota en esos rodeos. También dejaron un sistema democrático con elecciones cada cuatro años y una primera constitución.

Martí no previó las complicaciones que vinieron tras el inicio de la guerra y después de la independencia, y el asunto de que los EEUU cayeran “con fuerza” sobre nuestras tierras no siempre fue algo negativo. Tras las protestas del 11 de julio muchos cubanos pedían que intervinieran sobre nuestra república, por una cuestión de humanidad. Si lo hubieran hecho se habría acabado un gran sufrimiento de los cubanos de 60 años.

– En su libro De donde son los gusanos: crónica de un regreso a Cuba después de 37 años de exilio, está una frase atribuida a Martí: “Cuba es una tumba muy grande que guarda un cadáver más grande que ella”. ¿Algo de esta imagen cambió a los ojos de NDDV, tras las manifestaciones en aumento desde finales del 2020 hasta julio del 2021? ¿Cree que hay más de vida en ese cuerpo que diseccionó con su libro anterior?

Gusanos somos todos. Gusanos son esos que salieron a las calles a retorcerse. Fue un retorcimiento nacional, como un solo gusano que se retorció un breve momento. Salieron al sol, a la luz y volvieron a meterse en la oscuridad de nuevo.

Todavía Cuba, ahora más que nunca, es una tumba. Es la paz de los cementerios lo que impera allí. Por un segundo los muertos salieron a tomar el sol y declararon la rumba, pero enseguida los entraron a golpes otra vez en su tumba. Y volvió la muerte nacional, un largo período que ya dura desde los tiempos de Martí, con pequeños intervalos como la república, que en esos años se convirtió en uno de los países más esplendorosos de América.

Cuba permanece como un estado rebelde de EEUU. Ahora toda nuestra soberanía, nuestra felicidad o desgracia depende de una comisión de revisión de las remesas que tiene Biden, todavía dependemos en lo más fundamental de las decisiones de los americanos. Entonces es como un estado sureño rebelde, donde Lincoln no pudo ganar y que continúa siendo esclavista. Continúa siendo lo que fue, una tumba con pequeños intervalos de luz que pueden ser más cortos o largos. El 11J fue un destello brillante, un desborde.

 

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