¿Y quiénes tuvieron la culpa de aquel “espacio de creación colectiva”?

Mi abuelo no sobrevivió al “espacio de creación colectiva” que dice la Mesa Redonda que fue el Período Especial. Lo que más recuerdo es su sonrisa.
Balseros cubanos en alta mar
 

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Mi abuelo no sobrevivió al “espacio de creación colectiva” que dice la Mesa Redonda que fue el Período Especial. Lo que más recuerdo es su sonrisa. Era un negro hermoso del que mi abuela siempre estuvo enamorada, y se fue en el 94 después de haber pedaleado por toda la ciudad tratando de “resolver” un par de zapatos para mi primo. Fue un muerto grande. Todo el mundo en el barrio lloró a Miguel Matienzo Peñalver y yo me enteré ocho días después porque no había gasolina para ir al preuniversitario donde estaba becada. Nadie se atrevía a darme la noticia por teléfono.

Andrés Castro, trompetista de una afamada orquesta, dejó de tomar las pastillas del corazón para que el amor de su vida las tomara. Engañó a toda la familia. Casi 20 años después su esposa murió vestida, maquillada, esperándolo porque nunca aceptó que ya no estaba y el Alzheimer la regresó a los tiempos en que fueron felices juntos.

Tampoco sobrevivieron a la “creatividad colectiva” los cuerpos que llegaron calcinados a las costas cubanas, como tampoco sobrevivieron a la travesía marítima del Estrecho de la Florida.

Viví en Alamar en la década del 90 y tuve que despedir a muchos tan adolescentes como yo. Después venía la angustia de las madres esperando el listado de los que habían llegado en la emisora prohibida.

Una de las imágenes que no se me van de la cabeza, aunque la sacuda a ver si se me caen, es la noticia de la familia que atracó en la Academia de la FAR, en Micro X, Alamar. Estaban abrazados los tres, mamá, papá y nené. No los vi, pero desde ese momento, comencé a ir a la playa con miedo. No quería encontrarme a la muerte de frente.

Diana Molina no me dejará mentir. Ella vive fuera de Cuba pero cada mañana, al levantarse, debe acordarse de que la avitominosis le creó una osteoporosis, y con ello un dolor insostenible en los huesos con el que tiene que lidiar todo el día. En Cuba nunca se la diagnosticaron porque estaba prohibido. Eran demasiados casos y era aceptar el hambre que nos hizo ser “creativos” y llevó a comer a muchos, picadillo de hoja de plátano, berenjena o col por carne, o a tomar té de caña santa para mitigar el hambre que provoca comer una sola vez al día.

 

Comimos vegetales, pero no nos hicimos más saludables. Enfermamos y ellos, los culpables, no querían aceptar el porqué.

Miguel Ángel un día amaneció ciego. La neuritis óptica o la epidemia de ceguera se la provocó la desnutrición. Recuperó la vista porque unos familiares de “afuera” le mandaron vitaminas, pero hoy superó el incidente y sigue siendo agradecido, como un perro, a los que le provocaron la enfermedad.

Me vienen a la mente estos casos porque hay momentos en la vida que uno prefiere olvidar y solo dejar lo necesario, lo imprescindible para no perder el norte.

Mis otros recuerdos son superficiales.

Mis zapatos estaban permanentemente rotos, llegué a tener un solo blúmer y un solo ajustador; apenas encontraba almohadillas sanitarias y tuve que usar “trapitos”; no tuve lujos para la fiesta de mis quince porque la prioridad era equiparme para entrar al preuniversitario con el mínimo de condiciones: un par de chancletas, jabón, toalla, cepillo de dientes; tenía que aprovechar las tostadas hasta la “churrupia” porque no me alcanzaban los once días.

Recuerdo la angustia de mi mamá porque no había qué comer y cuando por primera vez se comió arroz con frijoles solo, en casa de mis abuelos, y mi abuelo apuntó la fecha en la pared del rincón donde se sentaba a leer el periódico, a escuchar Radio Martí, a criticar al gobierno y a ver cómo nos resolvía la vida a todos.

Fue un Periodo Especial porque hubo mucha solidaridad y también demasiado salvajismo. Los asaltos para quitar comida, ropa, bicicletas, las violaciones a mujeres y niñas, la prostitución, el desempleo (llegaron a licenciar parte de las fuerzas armadas porque no tenían con qué pagarles), la represión, eran la orden del día y ningún dato pasó a ser estadística ni hubo estrategias para solventar lo peor que nos pasó a los cubanos en la vida.

¿Y quiénes tuvieron la culpa? Los gobernantes estos. Los dictadores estos. Fidel Castro entonces y ahora la tiene Díaz-Canel, no solo porque no es capaz de reconocer que su gestión de gobierno es mala, sino porque llamarnos a los vivos “mal nacidos por error” o decir que el Período Especial fue “un espacio creativo colectivo”, es recordar a los muertos de los que ellos no se conduelen, ellos que han sabido ser los más creativos y logran combinar su gusto por los relojes caros, los Mercedes Benz, al aire acondicionado, con el hambre de todo el pueblo.

Escrito por María Matienzo Puerto

 

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